Psicóloga pide no juzgar el fenómeno therian y recomienda escuchar, incluso si alguien afirma ser parte zorro

Una psicóloga pidió no apresurarse a diagnosticar el fenómeno therian y recordó que, antes de juzgar, conviene escuchar con atención a cada persona… incluso si en la conversación surge la posibilidad de que se identifique parcialmente con un zorro. Algunos expertos consideran que el debate mezcla psicología, identidad y una dosis inesperada de fauna interior.

Psicóloga pide no juzgar el fenómeno therian y recomienda escuchar, incluso si alguien afirma ser parte zorro

El fenómeno “therian” ha comenzado a aparecer con mayor frecuencia en conversaciones digitales, foros juveniles y ocasionalmente en consultas psicológicas, lo que ha generado un nuevo debate público sobre identidad, salud mental y la extraordinaria capacidad humana para desarrollar etiquetas cada vez más específicas para describirse a sí mismo. En medio de esta discusión, una psicóloga advirtió recientemente que no todos los casos deben considerarse automáticamente un trastorno y que, antes de emitir juicios apresurados, es importante escuchar a las personas que se identifican con este fenómeno.

El término “therian” hace referencia a individuos que afirman sentir una conexión profunda con un animal específico, hasta el punto de percibir que parte de su identidad se relaciona con ese animal. En algunos casos la experiencia se describe como simbólica o espiritual; en otros, los relatos incluyen sensaciones más complejas sobre la identidad personal. En redes sociales, el fenómeno ha generado una mezcla peculiar de curiosidad, memes, discusiones filosóficas y una cantidad considerable de usuarios preguntándose discretamente si la psicología moderna está entrando en una fase particularmente creativa.

La psicóloga que intervino en el debate explicó que el primer paso ante cualquier fenómeno identitario emergente es evitar respuestas simplistas. Según señaló, no todo comportamiento inusual corresponde automáticamente a una patología clínica. Algunas personas utilizan metáforas para expresar emociones, otras exploran identidades simbólicas y otras simplemente están atravesando etapas de autodescubrimiento que, aunque resulten difíciles de entender para el resto del mundo, no necesariamente implican una enfermedad mental.

La explicación, formulada con el tono prudente que caracteriza a los profesionales de la salud mental, buscaba introducir un poco de calma en un debate que en internet suele resolverse con dos opciones extremas: diagnosticar inmediatamente un trastorno grave o asumir que todo es una expresión completamente válida de la identidad contemporánea. Entre ambos extremos existe un terreno amplio donde, según la psicóloga, la tarea principal consiste en escuchar primero y clasificar después.

Aun así, el fenómeno ha despertado una curiosidad considerable entre observadores sociales. Algunos sociólogos señalan que la cultura digital ha permitido que muchas identidades o experiencias subjetivas encuentren comunidades donde antes solo había silencio. Lo que en otra época habría sido una sensación individual difícil de explicar ahora puede convertirse rápidamente en una etiqueta compartida por miles de personas alrededor del mundo.

Este proceso, explican los expertos, tiene ventajas y desventajas. Por un lado, permite que las personas se sientan comprendidas y acompañadas. Por otro, también puede generar una proliferación de identidades cada vez más específicas, lo que a veces produce la sensación de que el catálogo de formas posibles de ser humano se está expandiendo a una velocidad considerable.

En el caso del fenómeno therian, la psicóloga insistió en que es importante distinguir entre una experiencia simbólica y un problema clínico real. Si una persona utiliza la idea de un animal como metáfora para describir rasgos de su personalidad —la independencia de un lobo, la curiosidad de un gato o la tranquilidad de una tortuga—, eso no representa necesariamente un trastorno psicológico. Las metáforas animales han existido en la cultura humana desde hace siglos, desde la literatura hasta el lenguaje cotidiano.

El asunto comienza a volverse más complejo cuando la identidad animal deja de ser una metáfora y se convierte en una convicción literal que afecta el funcionamiento cotidiano de la persona. En ese punto, explican los especialistas, es cuando los profesionales de la salud mental deben evaluar cuidadosamente el contexto y el impacto que esa percepción tiene en la vida real.

Mientras tanto, en redes sociales el debate ha seguido un camino ligeramente diferente. Algunos usuarios defienden el fenómeno como una forma legítima de expresión personal, mientras otros observan la tendencia con una mezcla de desconcierto y humor involuntario. El resultado es una conversación pública que oscila entre la reflexión psicológica y la sensación de que la realidad cultural está adoptando una imaginación particularmente activa.

Un profesor de psicología social comentó que este tipo de debates reflejan algo más amplio sobre la época actual. Según explicó, vivimos en una era donde las personas buscan constantemente nuevas maneras de definirse y comprender su identidad. En ese contexto, es probable que aparezcan conceptos, etiquetas y movimientos que resulten desconcertantes para quienes observan desde fuera.

Sin embargo, el especialista también señaló que el trabajo de la psicología no consiste en reaccionar con sarcasmo ni con aceptación automática, sino en analizar cada caso con calma. “La mente humana es compleja”, dijo, “y no todo lo extraño es patológico”.

La psicóloga que inició la discusión volvió a enfatizar ese punto central: antes de juzgar, conviene escuchar. Su argumento es que muchas personas utilizan el lenguaje simbólico para expresar emociones profundas, y que el papel de los profesionales no es ridiculizar esas experiencias sino entender qué hay detrás de ellas.

En la práctica, esto significa que un psicólogo puede encontrarse en la situación peculiar de mantener una conversación seria con alguien que afirma sentirse espiritualmente vinculado con un zorro, un lobo o un ave nocturna. Desde el punto de vista clínico, el objetivo no es discutir zoología, sino comprender qué significa esa imagen para la persona.

Por supuesto, la conversación pública sobre el fenómeno continuará evolucionando. Algunas tendencias culturales desaparecen rápidamente; otras se transforman en subculturas duraderas. Nadie sabe exactamente qué destino tendrá el fenómeno therian dentro de unos años.

Lo que sí parece claro es que la discusión ha abierto un curioso capítulo en el eterno intento humano de responder una pregunta bastante simple en apariencia: ¿qué significa ser uno mismo?

Una pregunta que, según parece, ahora podría incluir también la posibilidad de sentirse ligeramente parecido a un zorro.

Y según algunos debates en internet, quizá también a un lobo, un cuervo o cualquier animal que tenga la ventaja estratégica de no tener que participar en discusiones online sobre identidad.