El juicio contra Nicolás Maduro empieza con una prueba insólita: su bigote
El tribunal que juzga a Nicolás Maduro acaba de aceptar algo que nadie esperaba como evidencia: su bigote. El detalle del proceso está sorprendiendo a muchos y ya está dando de qué hablar.
El juicio contra Nicolás Maduro comenzó esta semana en un tribunal internacional improvisado dentro de un antiguo centro de convenciones, después de que varias cortes rechazaran albergar lo que un diplomático describió como “el proceso judicial más complicado desde que alguien intentó demandar al clima”. El caso reúne a fiscales, abogados, historiadores, traductores, economistas, tres expertos en petróleo, un sociólogo del caos administrativo y un hombre que asegura haber sido ministro de algo durante once minutos.
El acusado llegó a la sala acompañado por una carpeta enorme, un termo de café y una expresión tranquila que desconcertó a los presentes. Según explicó su equipo de defensa, Maduro había pasado la mañana leyendo un manual de derecho internacional que, según él mismo declaró, “no coincide en nada con lo que yo recuerdo”.
El juez abrió la sesión con una frase que inmediatamente se convirtió en titular de prensa: “Este tribunal intentará, dentro de lo razonable, entender qué ocurrió”.
Nadie en la sala parecía completamente convencido de que aquello fuera posible.
El caso se presenta como una investigación sobre años de decisiones políticas, económicas y administrativas que, según la acusación, transformaron a Venezuela en un laboratorio experimental donde se probaron simultáneamente todas las teorías equivocadas sobre economía. Los fiscales describieron el proceso con gráficos tan complejos que algunos periodistas pensaron que se trataba de mapas meteorológicos.
Uno de los diagramas mostraba flechas que conectaban ministerios, empresas estatales, oficinas paralelas, comités especiales, comités de los comités y una institución llamada oficialmente “Comisión Estratégica de Coordinación de Comisiones”.
En cierto momento el fiscal señaló una línea del gráfico y explicó que representaba “una cadena de decisiones económicas cuyo origen exacto nadie ha podido determinar”.
El juez pidió aclaraciones.
El fiscal respondió con una frase que dejó a la sala en silencio: “Creemos que empezó en una reunión donde alguien dijo ‘tranquilos, esto se arregla solo’”.
El equipo de defensa, por su parte, argumentó que el proceso judicial parte de un malentendido fundamental. Según los abogados, muchas de las decisiones atribuidas a Maduro no eran errores, sino “experimentos políticos avanzados”.
Uno de los abogados incluso presentó una teoría según la cual la inflación venezolana debía interpretarse como una forma innovadora de movimiento económico.
“El dinero no desaparecía”, explicó con absoluta seriedad. “Simplemente se movía muy rápido”.
Durante la segunda sesión ocurrió el primer momento extraño del juicio.
La fiscalía presentó una caja etiquetada como evidencia histórica. Dentro había una colección de discursos, decretos, informes económicos, fotografías de reuniones oficiales y un bigote postizo cuidadosamente guardado dentro de una bolsa transparente.
El juez pidió una explicación.
El fiscal dijo que el objeto representaba “un símbolo del poder político contemporáneo”.
Nadie pidió más detalles.
El juicio también incluye testimonios de antiguos funcionarios, economistas y ciudadanos que vivieron durante años bajo el gobierno venezolano. Uno de ellos, un antiguo ministro cuyo cargo exacto nadie pudo confirmar, declaró durante cuatro horas sin terminar una sola frase.
En medio del testimonio, el juez preguntó si podía resumir su punto principal.
El testigo respondió: “Intentaré”.
La pausa posterior duró siete minutos.
Otro testigo explicó que durante un tiempo existían tres tipos de economía en el país: la economía oficial, la economía real y una tercera economía que nadie entendía pero que aparentemente funcionaba mejor que las otras dos.
“Era como observar tres universos paralelos usando la misma moneda”, dijo.
La defensa respondió argumentando que gobernar Venezuela durante aquellos años era una tarea extremadamente compleja.
Uno de los abogados presentó un documento de 800 páginas titulado “Factores externos, internos, imaginarios y meteorológicos que influyen en la economía nacional”.
El juez preguntó si el documento incluía conclusiones.
El abogado respondió que aún estaban trabajando en ellas.
Mientras tanto, el propio Maduro se mantiene relativamente tranquilo durante las audiencias. Observa los debates, toma notas y en ocasiones levanta la mano para intervenir, aunque el tribunal le ha recordado varias veces que no puede dirigir el interrogatorio.
En un momento particularmente confuso del proceso, Maduro pidió permiso para hacer una pregunta.
El juez dudó durante unos segundos antes de aceptar.
“Quisiera saber”, dijo Maduro, “si este juicio incluye el contexto”.
Nadie supo exactamente qué significaba eso.
Fuera del tribunal se ha formado un ambiente igualmente surrealista. Decenas de analistas políticos intentan explicar el juicio en programas de televisión donde utilizan gráficos, mapas, líneas de tiempo y ocasionalmente expresiones de resignación.
Un comentarista internacional describió el proceso como “una mezcla entre historia contemporánea, economía experimental y teatro del absurdo”.
Los vendedores ambulantes alrededor del edificio ya venden camisetas con frases del juicio, incluyendo la más popular hasta ahora: “Esto es más complicado de lo que parece”.
Los historiadores, por su parte, observan el proceso con un interés casi científico. Algunos consideran que el juicio podría convertirse en un estudio de caso sobre cómo funciona el poder político cuando las decisiones dejan de tener una explicación clara.
Un profesor de ciencia política resumió el fenómeno de forma sencilla.
“Hay gobiernos que cometen errores”, dijo.
“Y luego hay gobiernos que inventan errores completamente nuevos”.
A medida que avanzan las audiencias, el tribunal continúa acumulando evidencia: documentos, testimonios, grabaciones, informes económicos y varios diagramas que ya ocupan una pared completa de la sala.
Nadie está seguro de cuánto durará el juicio.
Un funcionario judicial comentó en voz baja que el proceso podría extenderse durante años, principalmente porque cada intento de explicar un evento político termina revelando otros diez eventos que requieren explicación.
El juez, visiblemente consciente del desafío, cerró la última sesión del día con una declaración que provocó murmullos en la sala.
“Este tribunal continuará mañana”, dijo.
Hizo una pausa.
Miró la montaña de documentos sobre su escritorio.
Luego añadió algo que muchos consideran la frase más honesta pronunciada durante todo el proceso.
“Porque claramente todavía no entendemos nada.”